por Maggie Ervin

La ciudad de Iguala, Guerrero


Iguala, una ciudad cuyo nombre significa “donde la noche es tranquila”, fue el escenario donde la policía local mató a seis personas y desaparecieron a 43 estudiantes en la noche del 26 de septiembre. Este último episodio en México – a diferencia de muchos otros hechos sangrientos que han sucedido desde el comienzo de la militarización masiva apoyada por Estados Unidos en el 2007 – ha sido noticia nacional e internacional, y ha provocado que decenas de miles de mexicanos salgan a las calles a protestar. La indignación es palpable. Edgar, un hombre con quien hablé aquí en Iguala señaló que nunca esperaron que ocurrieran tales hechos. “Nos dieron en la torre…Estamos hartos”, dijo. Durante las últimas seis semanas, a pesar de que el gobierno afirmó que haría todo lo posible para encontrar a los estudiantes desaparecidos y ordenó el despliegue de la policía federal y el ejército en la búsqueda, aún no han encontrado a los jóvenes.
A pesar de que su población no llega a los 120.000 habitantes, la ciudad de Iguala, Guerrero, ocupa un lugar importante en México debido a su papel clave en la historia del país. En 1821, se firmó el famoso Plan de Iguala aquí, declarando a México libre de la dominación española. Poco después, la primera bandera nacional fue diseñada y elaborada aquí. Además, Iguala es la única ciudad mencionada en el himno nacional. Así que si eres mexicano, probablemente has oído hablar de este sitio. Si bien cuenta con un simbolismo histórico y nacional, es difícil no ver los recientes acontecimientos violentos ocurridos aquí como emblemáticos de la situación actual que se vive en México.
Al parecer, la muerte está presente por todas partes estos días: imágenes de la Catrina, el esqueleto femenino que usa un lujoso sombrero del siglo IXX; coloridas calaveritas de azúcar de todos los tamaños; niños disfrazados como zombis y fantasmas andando por las calles principales. Todo esto, por supuesto, porque este fin de semana fue el Día de los Muertos, una celebración que cuenta con una rica historia prehispánica – después sincretizada con el Día de Todos los Santos – con el fin de recordar y festejar a los difuntos. Sin embargo, existen otras muertes: la de la confianza. (Algo está mal cuando la población teme a la policía. O cuando, como nación soberana que cuenta con muchos expertos forenses, los ciudadanos exigen la presencia de especialistas argentinos para identificar a los cuerpos). La de la seguridad. (Los taxistas con los que hablé me dijeron, “La gente cuida con quién habla. Tú debes tener cuidado también”. “Ven al asiento delantero si quieres hablar”.) La de la poca confianza que queda en los tres principales partidos políticos (todos manchados por la corrupción y su vinculación con el crimen organizado). Además, resulta fácil perder la cuenta de las fosas comunes que se han encontrado en los alrededores de Iguala. Desde que desaparecieron los estudiantes, se descubren cada vez más fosas. Pensé que había logrado llevar la cuenta total de ellas (veinte), pero después Edgar dijo que habían hallado dos fosas más a las orillas de la ciudad que aún no se eran registradas.
Como en cualquier ciudad, hay cementerios oficiales aquí también. Los días 1 y 2 de noviembre, las familias los visitan para recordar a sus seres queridos muertos. Así que para el sábado, los tres cementerios de Iguala estaban repletos de familias limpiando las tumbas y decorándolas con flores amarillas y rojas-moradas conocidas como cempasúchil. Mientras tanto, en el Zócalo se llevaron a cabo homenajes cautivantes y creativos: a las mascotas fallecidas, al baterista de la banda Led Zepellin, a las víctimas mortales de cáncer de mama, a una novia de Chihuahua que según la leyenda fue embalsamada como maniquí, a Robin Williams, y a los 43 estudiantes desaparecidos.
El mundo espera noticias de ellos. Millones de personas anhelan desesperadamente que aún estén vivos, que no haya lápidas decoradas para ellos el Día de los Muertos del próximo año. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” gritan por todo México y en el extranjero, en las innumerables marchas que se han realizado. Sin embargo, ha habido algunos testimonios que sugieren que los estudiantes fueron asesinados. Así que mientras hay esperanza, hay miedo también. Miedo de que a las más de 60.000 muertes violentas que se han registrado en México en los últimos siete años, se sumen 43 más. Lo cuál sería el peor legado histórico que podría dejar Iguala. 

Museo de la Bandera en Iguala. El color verde representa la libertad, el rojo la unión, y el blanco la paz, algo ausente en estos días. Además de los recientes eventos espeluznantes, Edgar agregó que, “Si resulta que los estudiantes están muertos, habrá una matazón aquí “.

La segunda bandera más grande de México se encuentra al borde de la ciudad. Aunque el presidente Peña Nieto trató de ignorar la violenta realidad del país, su enfoque de “mover a México” y sus afirmaciones de la seguridad nacional se vinieron abajo con la noticia de la masacre y las desapariciones. Esto sumado a las revelaciones de los 22 civiles que fueron asesinados a quemarropa por el ejército (en su estado natal) después de haberse rendido, un evento que el ejército había tratado de encubrir.
La Independencia de México fue declarada aquí hace 193 años. El documento contiene tres puntos principales, el tercero de los cuales señala la “unión de todas las clases sociales”. Sin embargo, lamentablemente la brecha que separan a los ricos de los pobres sigue siendo alarmante en México. Casi la mitad de la población es considerada oficialmente pobre. Los 43 estudiantes desaparecidos procedían de familias humildes de zonas rurales, y estaban estudiando para formarse como maestros y posteriormente enseñar en sus comunidades.


El alcalde de Iguala José Luis Abarca no tardó en huir de la ciudad cuando su papel en la masacre y las desapariciones, así como las revelaciones de sus estrechos vínculos con el crimen organizado, salieron a la luz a nivel nacional. Su fortuna aumentó rápidamente durante los últimos años, y entre sus muchas propiedades se encuentra este centro comercial.


El jefe de la policía de la ciudad también se fugó. Poco después de la masacre y las posteriores detenciones de algunos policías, cerró este departamento. Más tarde abrió nuevamente con la policía federal a cargo. Sin embargo, la policía federal de México tiene un dudoso historial en lo que se refiere a derechos humanos, y disfruta de una impunidad generalizada por dichas violaciones. La Comisión Nacional de Derechos Humanos recibió 146 denuncias de violaciones de derechos humanos cometidas por la policía federal en el 2006. Para el 2012, ese número había aumentado a 802. Desde el año 2008, más de 1,2 mil millones de dólares provenientes de los Estados Unidos se han destinado a México a través de la Iniciativa Mérida. Más allá de proveer equipo militar masivo, estos fondos han sido utilizados para apoyar los “servicios de seguridad”, en parte para entrenar y aumentar estas fuerzas policiacas.


Ahora hay una presencia notable de la policía federal en Iguala. Pero “hay rumores de que han empezado a extorsionar igual que la policía local lo hacía”, dijo uno de los taxistas.



Una lápida en el panteón general de Iguala, adornada con flores de cempasúchil.

El gobierno de Estados Unidos en gran medida ha mantenido el silencio sobre la desaparición de los 43 estudiantes. La Casa Blanca calificó esto como “preocupante” la semana pasada, y por su parte el Departamento del Estado sólo emitió un breve comunicado poco después del incidente. Lee nuestra reciente Alerta de Acción para exigir que el gobierno de Estados Unidos tome una postura más enérgica y contundente.





En la iglesia principal de la ciudad, esta imagen tuvo especial resonancia: “Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas”.






Homenaje en el Zócalo de Iguala a los estudiantes desaparecidos: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”