Cuarenta días en el desierto” describe tanto a Jesús Cristo al comienzo de su ministerio, como a la comunidad cristiana durante la Cuaresma. Para mí, de ahora en adelante, también describirá a los migrantes que enfrentan un peligroso viaje a través de México cuando van en rumbo a los Estados Unidos. Durante una delegación con la organización Acción Permanente por la Paz (Witness for Peace en inglés), aprendí que los migrantes que empiezan su viaje en el sur de México o en Centro América, pueden tardar uno o dos meses para llegar a Estados Unidos.  Este viaje con frecuencia incluye caminatas a través de tramos aterradores del desierto.

Una franja muy pequeña del enorme desierto mexicano.


Durante la delegación, que tuvo lugar en el estado mexicano de Oaxaca, visitamos a un refugio para migrantes, patrocinado por la Iglesia Católica, que ofrece alimentos, atención médica, e información útil a los que buscan desesperadamente una vida mejor para sus familias. Algunas de las necesidades más comunes que tienen los migrantes que pasan por ahí son nuevos zapatos (porque se gastan rápidamente), y tratamiento médico para sus piernas, que tienen ampollas o cortadas como resultado de haber caminado tantos kilómetros a través de las plantas espinosas y de la naturaleza. Algunos migrantes mueren y algunos desaparecen en el camino.


Los delegados llegan a COMI, un refugio para
migrantes que se encuentra en la cuidad de  Oaxaca


La mayoría de los migrantes salen de sus comunidades por razones económicas. Creo que son ellos a quienes el Papa Francisco tenía en mente en su reciente exhortación apostólica, cuando describió una economía de exclusión. “Las masas se encuentran excluidas y marginadas: sin trabajo, sin posibilidades, sin ningún medio de escape” (La Alegría del Evangelio, número 53)

Papa Francisco



Las personas de Oaxaca que visitamos durante la delegación  se han sentido excluidas de las decisiones que las afectan, incluyendo las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ahora con 20 años de vigencia. Este acuerdo dio lugar a más exclusión: la eliminación de subsidios para la agricultura y la pérdida de la protección constitucional de sus tierras comunales. Esto último ha permitido a las empresas extranjeras comprar sus tierras y ha resultado en la explotación tanto de personas como de recursos.


Un paisaje en Teotitlán del Valle, un pueblo cerca de Oaxaca.
Muchos de sus ciudadanos viven en los Estados Unidos. 


Para muchas personas, la única opción es la migración. Nuestro grupo tuvo la oportunidad de quedarse en un pueblo donde la mayoría de las familias tienen al menos un miembro que ha emigrado a los EE.UU. Aunque los migrantes envían remesas a sus familias, su ausencia crea problemas en las comunidades, como por ejemplo el desequilibrio entre el número de hombres y mujeres en la comunidad (la mayoría de los migrantes son hombres), y la separación de los miembros de la familia.

Un muro en COMI: “Justicia para Migrantes”.


El Papa señaló que la exclusión económica depende de la “globalización de la indiferencia”, donde el sufrimiento de nuestros vecinos ya no nos conmueve (La Alegría del Evangelio, # 54). ¡Vamos a despertarnos! La tasa de la migración de Latinos hacia el norte es una señal de que la balanza de la justicia está desequilibrada. Encontremos la compasión para ayudar a los inmigrantes, y en solidaridad tratemos de aprender más acerca de por qué están aquí.

Para más información sobre las delegaciones a México: http://witnessforpeace.org/section.php?id=108