por Maggie Ervin

El lugar estaba tan lleno que varios estábamos de pie, hacía mucho calor, y apenas podíamos ver desde atrás, pero no íbamos a irnos a ninguna parte. Reunidos en uno de los muchos museos bonitos de esta metrópoli en constante expansión llamada Ciudad de México, habíamos venido a escuchar sueños. No para analizarlos de una manera freudiana o para llegar a algún tipo de lugar místico de conciencia alterada. No, todo esto estaba bien enraizado en la realidad. Habíamos llegado a escuchar las historias de Los Otros Dreamers.


Mucho se ha escrito sobre los Dreamers en los Estados Unidos, gracias a su activismoefectivo, la gran cantidad de adheridos al movimiento, su trabajo incansable para que la Ley Sueño (en inglés, Dream Act) sea aprobada, y desafortunadamente por la angustia implícita en muchas de sus historias. Teniendo en cuenta todas las similitudes, es interesante la poca atención que se les ha dado a los Dreamers en este lado de la frontera, aquí en México. Después de todo, sus números no son insignificantes. El nuevo libro lanzado la semana pasada, Los Otros Dreamers – con texto de Jill Anderson, fotos de Nin Solís, y testimonios de 26 Otros Dreamers – tiene como objetivo compensar esta falta de atención al asunto.


Anderson estima que hay cerca de 500.000 Dreamers que han regresado a México desde el año 2005. (Ella define a un Dreamer como alguien entre los 18 a los 35 años que vivió en los EEUU durante cinco años o más, y que fue deportado, se fue voluntariamente o eligió regresar al país donde nació). Sus razones para regresar a México son variadas: reencontrarse con su familia, la búsqueda de oportunidades educativas que les fueron negadas al otro lado, el agotamiento y la frustración por las dificultades de vivir como indocumentados en los EEUU, la deportación (en muchos casos por infracciones menores por las que un ciudadano estadounidense sólo pagaría una multa, como conducir sin licencia o beber en público), entre otras.

El libro es una experiencia multilingüe. Los Dreamers dan su testimonio, ya sea en inglés, español o espanglish, y todos están traducidos. Los testimonios de Saúl, Virginia y Rufino, quienes son trilingües, son presentados en sus tres lenguas. Si bien las historias que aparecen en el libro son tan diversas como las historias de cualquier grupo de 26 personas, hay temas recurrentes en cuanto a la experiencia de regresar a México: 
  • La dificultad de obtener certificados de los estudios realizados en los EEUU., los cuales tienen que estar apostillados y traducidos para que sean válidos en México. Estos certificados incluyen los de primaria, secundaria y preparatoria. Muchos de los Dreamers tuvieron que esperar más de un año para obtener estos documentos, lo que les costó dinero, frustraciones, e incluso humillaciones (por ejemplo, el enterarse de que la única manera de obtener las constancias de estudios en los EEUU es solicitarlas en persona)
  • Las barreras del idioma, especialmente en el caso de los Dreamers que fueron llevados a los EEUU a corta edad.
  • La dificultad de obtener una credencial de elector del INE, el documento necesario en México para poder rentar un apartamento, realizar transacciones bancarias o incluso conseguir un trabajo.
  • No ser completamente aceptados como mexicanos por parte de sus compatriotas.
  • Para aquellos que fueron deportados, el ser dejados en la frontera, lejos de su comunidad de origen, sin nadie que los aconsejara u orientara, y con el riesgo de ser asaltados o violentados.
  • La separación de los familiares que permanecen en los EEUU, sin la posibilidad de visitarlos allí o de que sus familiares los visiten en México.
Este último tema fue abordado durante la presentación del libro cuando algunos Dreamers leyeron partes de sus testimonios. Todo el mundo se conmovió cuando Edgar, quien vive en Nogales, dijo: “Voy a la frontera a ver a mis hermanos, están arreglando papeles entonces no pueden cruzar. Es un desmadre que estemos cerca, pero lejos a la vez, porque nos divide una barda. Puedo hablar con ellos, pero no los puedo abrazar”. Luego Raziel habló sobre la deportación de su madre cuando el cursaba el quinto grado: “De ahí, la amiga de mi mamá me llevó a casa y recuerdo caminar hasta la cama de mi madre y acostarme donde ella solía dormir. Puse mi cabeza sobre la almohada y olí su champú y fue ahí cuando todo me pegó”.

El muro que separa Nogales, Sonora de Nogales, Arizona


Esta misma semana salió la noticia de la deportación numero 2 millones desde que Obama – a veces llamado el “Deportador en Jefe” – tomó posesión. 2 millones es muchísimo, tanto que a algunos se nos dificulta  imaginar lo que esto significa. Pero son estos detalles desgarradores que encarnan la realidad de este número. Actualmente, una cuarta parte de todos los deportados son separados de sus hijos ciudadanos estadounidenses, y en el 2013, más de la mitad fueron deportados por acusaciones no criminales.

Pero no todo es sombrío. Algunos de los Dreamers escriben que están agradecidos por estar en México y muy felices con sus vidas. Moy y Pedro Noe están entusiasmados estudiando odontología en la Universidad Nacional. Saúl, quien trabaja en Amway y aha logrado estar en un nivel Plata, está haciendo lo mejor para criar a su hijo. Maggie se encarga de la tienda de sus padres. Con su trabajo, Maru y Daniel están apoyando a otros Dreamers en el Colectivo Los Otr@s Dreamers y la asociación civil Dream in Mexico. De hecho, “pasivos” o “resignados” serían las últimas palabras que se ocuparían para describir a cualquier persona de este libro. Ellos son jóvenes con muchos sueños, y los están realizando.  


Maggie: “Sé que todos hemos tenido que luchar y que no soy la única. Me gustaría dirigirme al
gobierno de EEUU y hablarles de todo el daño que nos hacen. No soy una delincuente. Mis padres me
llevaron y a la edad de 18 años decidí no violar la ley, así que dime, ¿cuál es el delito que cometí?” 

El problema es, por supuesto, que a pesar de ser a la vez “de aquí y de allá,” no pueden ir “allá”, donde todavía tienen amigos, familia y toda una historia de vida. Como escribe Pamela, “Ahora, me siento como que siempre he sido mexicana…No me lo tienes que decir. Yo lo sé. Y ¿qué si me siento estadounidense? Yo ni sé que es lo que soy, pero sé que soy ambas nacionalidades al mismo tiempo. No puedo ignorar toda mi vida”.  


Toma acciones para reducir las deportaciones:      
http://unitedwedream.org/action/stop-deportations/open-cases/
Díle a tus Representantes y Senadores que apoyen la Ley Sueño:    
http://dreamact.info/faq/3

Donde comprar el libro:      
dreaminmexico.org/?page_id=207 (todas las ganancias apoyan a la AC Dream in Mexico)


Donde asistir a otras presentaciones del libro:
  •    October 13th, 19:00, Foro de la Galería “La Capilla del Arte”, 2 norte número 6, Centro Histórico, Puebla, Puebla, México
  •    Pronto en los EEUU en Los Angeles, Chicago, NYC and Washington DC. Manténte informado a https://www.facebook.com/OtrosDreamersTheBook.