Al conmemorarse los seis meses del asesinato de Berta Cáceres, los y las hondureñas exigen justicia.

En la mañana del 2 de septiembre, 2016, el equipo internacional de Acción Permanente por la Paz en Honduras subimos la escarpada escalera de La Gruta, una iglesia contemplando el pueblo rural de montaña de La Esperanza, Intibucá, donde hace seis meses Berta Cáceres fue asesinada en su recámara.

En medio de serias amenazas e intimidaciones, la organización que ella co-fundó, El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), arregló una serie de eventos para conmemorar el aniversario de su asesinato. Lo más prominente, realizó una movilización por las calles de La Esperanza lo cual comenzó en los meros escalones donde centenares de líderes y enlutados habían congregado el día en que su comunidad la enterraron.

Cuando llegamos, vimos solamente un puñado de lo que se convertiría en cientos de manifestantes provenientes de diversas organizaciones de la sociedad civil de todo Honduras. Al principio, sin embargo, fuimos recibidos por una banda de marcha compuesta de alumnos y alumnas locales, acariciando una melodía que, flotando encima la percusión polirítmica, nos parecía vagamente conocida. Después un momentico, la identificamos como la inconfundible y pertinente gran éxito de Simon & Garfunkel, “El Sonido del Silencio.”

 

Aunque dudamos que la banda había tenido la intención, nos parecía una forma particularmente apropiada para iniciar una manifestación nacida de la frustración acumulada de un pueblo enfrentando una chusma de silencios: desde el sistema de justicia hondureña; a los arquitectos de la política exterior estadounidense; hasta las corporaciones transnacionales, las cuales muchas consideran cómplices en el asesinato de Cáceres.

“Después de seis meses del asesinato de Berta Cáceres,” gritaron los jóvenes integrantes del Paso a Paso, un programa socio-educativo con sede en San Pedro Sula para adolescentes en riesgo, “¡Exigimos justicia!”

Berta 6 month commemoration

 

Paso a Paso representó una de las varias organizaciones que participaron en la movilización. El COPINH también fue acompañado por otro socio asociado de Acción Permanente por la Paz, la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH), una organización de base de justicia social para la defensa de los derechos de las indígenas negras garífuna de la costa norte de Honduras. Sosteniendo una gran pancarta anunciando, “¡OFRANEH está presente!” el grupo desempeñó un papel eminente durante las acciones, reafirmando su compromiso solidario, que ya lleva décadas, con el COPINH.

Todos y todas de los representantes de una delegación considerable de Casa del Pueblo, un creciente movimiento populista sampedrano, llevaban camisetas blasonadas con la letra de una canción que reemplazaría el silencio en nuestra mente: “Berta no se murió, Berta se hizo millones, Berta soy Yo…!”

Berta 6 month commemoration

“Exigimos justicia!”

Después de las organizaciones antes mencionadas se habían reunido en La Gruta, los y las manifestantes iniciaron su marcha por las calles de La Esperanza. A ellos se unieron allí – y cada vez más a medida que la movilización se avanzaba – por los residentes locales y otras. En la parte delantera de la línea era una camioneta pick-up que lleva un micrófono y altavoces, a través del cual los miembros del COPINH levantaban consignas y canciones, así como reproducía clips – todavía profundos y oportunos – de los discursos de la bienamada Berta.

Un canto recurrente que resonó fuertemente con los manifestantes, así como los espectadores asumieron una llamada y respuesta:

“¿Están cansadas?”
“¡No!”
“¿Tiene miedo?
“¡No!”
“¿Entonces…?”
“¡Adelante! ¡Adelante! ¡Que la lucha es constante!”

La marcha se detuvo por algún tiempo en frente del edificio municipal, donde los y las integrantes de la OFRANEH se reunieron en la entrada del predio y condujeron una ceremonia invocando a los espíritus de sus antepasados a través de los tambores y el humo. Los miembros de la policía y el ejército llegaron, pero la manifestación continuó con toda tranquilidad y sin incidentes, y el COPINH tuvo la oportunidad de compartir un extracto de Cáceres reconociendo que la policía rasos son los “hermanas y hermanos” del movimiento.

De allí, la marcha se vertía por el pasillo principal de la ciudad hacia las afueras de Intibucá parando en el palacio de justicia, donde los sonidos del silencio judicial fueron interrumpidos por los gritos para la justicia desde una multitud unificada. Las y los manifestantes se aglutinaron en frente del juzgado, algunas sentadas alrededor del perímetro, para escuchar los discursos de los y las representantes de las diversas organizaciones presentes. Llegaron las patrullas de la policía y el ejército, armadas y en espera de una confrontación que nunca arribó.

A pesar de que los altavoces representaban una amplia y diversa sección transversal de la sociedad civil hondureña, el mensaje resonaba bien claro: justicia para Berta Cáceres, el fin de la impunidad, el fin de la militarización, y el respeto de los derechos humanos y para quienes que los defienden.

“Entonces, adelante!”

Una pregunta recurrente durante las delegaciones en Honduras y los eventos continentales en los EEUU, se va de siguiente manera: ¿Qué es lo que yo puedo hacer para ayudar? Este fin de semana pasada, el COPINH y varios miembros de la comunidad de Río Blanco nos hablaban sobre la alta importancia del proyecto de ley HR 5474 “La ley Berta Cáceres de los derechos humanos en Honduras,” que suspendería de forma inmediata la ayuda militar para el gobierno de Honduras hasta que, entre varios estipulaciones, se esclarezca el caso de Berta. Por lo tanto, sugerimos encarecidamente que llame a su representante ahora a instar a él o ella que co-patrocine la ley.

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Pa’lante,
Bryan y Ryan
Equipo Internacional de Honduras
Acción Permanente por la Paz